En la estructura Edípica, según Lacan se encuentra articulada la premisa universal del Falo como modo estructurante del sujeto humano y la relación entre deseo y castración.
En un PRIMER TIEMPO, la Fase del Espejo, la madre aparece como la que tiene el Falo y el niño es el Falo, aquí la dupla madre fálica- narcisismo. La imagen que el espejo le devuelve produce efectos estructurantes, pero ilusorios, se constituye una falsa unidad (imaginaria).
En el SEGUNDO TIEMPO aparece el padre como privador, inicia la castración simbólica y dicta la ley.
Se ingresa así a la significación fálica, (falo simbólico, significante primordial) Nombre-del-Padre que marca en el psiquismo del niño la función del padre simbólico “Significante del Otro en tanto que lugar de la Ley”. Cuando aparece la Ley, ya no hay nadie más que sea la Ley, todos actúan en representación de ella. No se trata de ser un padre terrible, arbitrario y despótico para producir la privación.
En el TERCER TIEMPO se configura la metáfora paterna, el padre deberá aceptar la Ley también él, deberá ser castrado. Se pasa de la identificación con el Yo Ideal a la identificación con el Ideal del Yo, de la perfección omnipotente narcisista a la acumulación de funciones y roles.
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